jueves, 7 de marzo de 2013

LA DIGNIDAD DE LAS PROSTITUTAS


relata Osvaldo Bayer, relacionado con la masacre de trabajadores de la Patagonia rebelde en 1922.

"Al concluir las operaciones dirigidas por el teniente coronel Varela contra los obreros y peones rurales santacruceños, a modo de `gratificación por los servicios prestados´ los soldados que esperaban su reembarque hacia Buenos Aires fueron llevados a los prostíbulos de las ciudades portuarias
Se reunió a los soldados, se les hizo poner en posición de descanso y se les explicó que iban a ir al prostíbulo en tandas(..)Las cosas se organizaron bien porque previamente se mandó a decir a las dueñas de los prostíbulos que a tal hora iban a ir la primera tanda de soldados para que tuvieran listas a las pupilas. En San Julián se avisó a Paulina Rovira, dueña de la casa de tolerancia `La Catalana´.
Pero cuando la primera tanda de soldados se acercó al prostíbulo doña Paulina Rovira salió presurosa a la calle y conversó con el suboficial. Algo pasaba, los muchachos se comenzaron a poner nerviosos. El suboficial les vendrá a explicar algo insólito, las cinco putas del quilombo se niegan. Y la dueña las puede obligar. El suboficial y los conscriptos lo toman como un insulto, una agachada para con los uniformes de la Patria. Además, la verdad es que andan alzados. Conversan entre ellos y se animan. Todos, en patota, tratan de meterse en el lupanar. Pero ahí salen las cinco pupilas con escobas y palos y los enfrentan al grito de `¡asesinos! ¡porquerías!,con asesinos no nos acostamos».

Las cinco mujeres fueron metidas en un calabozo, pero como el oficial a cargo en la zona no quería más escándalos, las liberaron. La investigación le permitió a Bayer los nombres de quienes “cerraron sus piernas como gesto de rebelión”
(Osvaldo Bayer, Los vengadores de la Patagonia trágica; citado por Felipe Pigna en `Mujeres tenían que ser´)

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