sábado, 13 de abril de 2013

LA SOBERBIA Y LA CIUDAD


Para el intendente Quiroga: “Algunos son traficantes de fracasos”
El día después de la votación en el Concejo Deliberante donde Horacio Quiroga vio frustrado su proyecto de venta de terrenos sobre la calle Leloir-Doctor Ramón para hacer una ampliación de la calzada, los cruces entre el MPN y el oficialismo municipal no pararon.
Luego de que el Concejo archivara el proyecto del ensanchamiento, dijo que el pueblo se "va a acordar de los que votaron en contra".

Según el urbanista catalán Jordi Borja, una ciudad es un lugar “donde gente distinta puede convivir, donde surgen la innovación y el progreso, por la diversidad de personas que se encuentran en el mismo lugar”. Por eso, él rechaza algunas tendencias que se han ido consolidando en el comienzo del siglo XXI, por ejemplo dice que una zona donde sólo se va a dormir es “la negación de la ciudad”. Y que también son “la negación de la ciudad” los asentamientos donde se instalan los sectores más pobres de la población, o los barrios cerrados tan de moda entre las clases medias y altas.

En especial se ha priorizado la movilidad mediante el automóvil privado, cuyos efectos ‘urbanicidas’, si es el modo dominante, son conocidos y que no sólo acentúa las desigualdades sociales sino que contribuye a la pérdida de densidad de la ciudad:
“Esto es pan para hoy pero hambre para mañana… porque será más contaminación, será más congestión, al final dirán bueno pues hay que hacer otro. ¿Y hasta donde?”
 “Todo esto de hacer infraestructura para el automóvil, en la ciudad compacta, a mi me parece de un atraso cultural tremendo… dentro de unos años dirán, bueno, ¿estaban locos no?”


¿Qué puedes hacer cuando el intendente de tu ciudad toma decisiones que no compartes? ¿Cómo reaccionar cuando cientos de millones de pesos, de nuestros impuestos, son dirigidos para obras sobre las que nadie nos consultó? No estoy hablando de las acciones de funcionarios deshonestos o de administradores ineficientes. Me refiero más bien a lo que ocurre cuando un gobernante toma decisiones dentro de la ley para implementar una “visión” que no refleja nuestros proyectos para el futuro.
Los economistas han pensado mucho sobre esto. Para algunos, las ciudades no son sino combinaciones de tendencias individuales, y la gente toma decisiones sobre cual ubicarse dependiendo de la canasta de bienes y servicios que estas ofrecen. Su respuesta a estas preguntas sería sencilla: Si no te gusta lo que ofrece tu ciudad, “vota con los pies” y múdate a donde seas mayoría.  Por ejemplo, si te disgusta vivir en una urbe cada vez más hacinada, con escasos espacios públicos, sin diversidad de usos de suelo y con dificultades para circular, puedes mudarte hacia las zonas periurbanas.
Sin embargo la gente no migra tan fácilmente. Pocos pueden costear el cambio de residencia, además de que los trabajos, las escuelas, las viviendas, más, si esos servicios  son deficientes en esas zonas,  y las redes familiares y de amigos no pueden sustituirse así como así. La gente desarrolla hondas raíces en “sus” lugares, independientemente de que las constantes intervenciones en el espacio construido puedan volverlos irreconocibles.
Por supuesto que hay un grado de insatisfacción tras el cual mucha gente prefiere “votar con los pies”, pero el punto es que dicha decisión implica costos significativos. La alternativa para quienes no quieren o no pueden mudarse es levantar la voz: Participar en juntas de vecinos, escribir editoriales, plantear alternativas, pedir explicaciones. Movilizarse con sus vecinos para obligar, de cualquier forma posible, a que el gobierno se abra al debate y justifique sus decisiones.
¿Se pueden seguir urbanizando las zonas de producción frutícola..? Pese a la oposición de esos productores.. Y en esas urbanizaciones, autorizadas para minimizar la transición entre lo urbano y lo rural.. ¿se puede seguir autorizando por excepción mayor densidad demográfica, pérdida de espacio libre..?
Hacerlo es significativo, pues una de las restricciones de nuestra democracia es que cuando elegimos autoridades prácticamente firmamos un cheque en blanco. Muchísimo queda sin debatir o sin especificarse en una campaña electoral. Votamos por ideas resumidas en un slogan , “seguridad y empleos” o por un rostro que nos cae bien. Pero no es lo mismo votar por “seguridad” que estar de acuerdo en la instalación de cámaras en espacio públicos. No es lo mismo creer que un candidato representa la mejor alternativa disponible que estar de acuerdo con absolutamente todo lo que pretenda hacer en la ciudad. Dada la falta de especificidad, el ganador cuenta con un amplísimo margen de maniobra para “interpretar” su mandato. Algo pasa tras una elección, que de pronto el “votaron por mí” equivale a decir “votaron por mi autopista urbana”.

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