domingo, 9 de junio de 2013

El "Sueño de los Justos"...

Después del alzamiento del 9 de junio de 1956, el gobierno militar del general Pedro Eugenio Aramburu fusiló a 27 personas.

En el caso de los fusilamientos de civiles, se utilizó un procedimiento por "izquierda" que luego se convertiría en la principal herramienta represiva de las sucesivas dictaduras, hasta llegar a su máxima expresión en el ’76. 
Aun en el caso de los fusilamientos de militares, se aplicó un decreto emitido por Aramburu que declaraba el estado de sitio cuando los rebeldes ya estaban detenidos. Es decir que, de manera inconstitucional, se les aplicó ese decreto con retroactividad.
En esos días, el dirigente socialista Américo Ghioldi publicó una frase que se hizo célebre: "Se acabó la leche de la clemencia". Y a Jorge Luis Borges se le atribuye otra frase en una conversación con su amigo Adolfo Bioy Casares: "Se hizo lo que debía hacerse"
No eran los únicos que pensaban así, entre los no peronistas era un sentimiento extendido.
El día 12 de junio un comunicado oficial expresa: "Fue ejecutado el ex general Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado". 
Para dar muerte al general Valle, que se entregó voluntariamente a las autoridades militares, el gobierno de facto aplicó en forma retroactiva la ley marcial ya derogada.

Mientras tanto...

El presidente duerme.
José Gobello, gran lunfardista, que fue, nada menos que  presidente de la Academia del Lunfardo, escribió este bonito poema que inmortaliza esa respuesta de Aramburu.







La noche yace muda como un ajusticiado,
Más allá del silencio nuevos silencios crecen,
Cien pupilas recelan las sombras de la sombra,
Velan las bayonetas y el presidente duerme.
Muchachos ateridos desbrozan la maleza
Para que sea más duro el lecho de la muerte...
En sábanas de hilo, con piyama de seda
El presidente duerme.

La luna se ha escondido de frío o de vergüenza,/
Ya sobre los gatillos los dedos se estremecen,
Una esperanza absurda se aferra a los teléfonos,
Y el presidente duerme.

El llanto se desata frente a las altas botas.
–Calle mujer, no sea que el llanto lo despierte.
–Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo.
–El presidente duerme
Reflectores desgarran el seno de la noche,
El terraplén se apresta a sostener la muerte,
El pueblo se desvela de angustia y de impotencia/
Y el presidente duerme.

De cara hacia la noche sin límites del campo,
Las manos a la espalda, se yerguen los valientes,/
Los laureles se asombran en las selvas lejanas
Y el presidente duerme.

Tras de las bocas mudas laten hondos clamores.../
–¡Cumplan con su deber y que ninguno tiemble
de frío ni de miedo!
En una alcoba tibia
El presidente duerme.

–¡Viva la patria! Y luego los dedos temblorosos,
Un sargento que llora, soldados que obedecen,/
Veinticuatro balazos horadando el silencio...
Y el presidente duerme.
Acres rosas de sangre florecen en los pechos,
El rocío mitigó las heridas aleves,
Seis hombres caen de bruces sobre la tierra helada/
Y el presidente duerme.
¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta!
¡Que cese todo llanto! ¡Que nadie se lamente!
Un silencio compacto se adueñó de la noche.
Y el presidente duerme.

¡Oh, callan, callan todos! Callan los camaradas.../
Callan los estadistas, los prelados, los jueces...
El Pueblo ensangrentado se tragó las palabras
Y el presidente duerme.

El Pueblo yace mudo como un ajusticiado,
Pero, bajo el silencio, nuevos rencores crecen.
Hay ojos desvelados que acechan en la sombra/

Y el presidente duerme.

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