lunes, 21 de septiembre de 2015

CLIENTELISMO PARA TODOS LOS GUSTOS




El apoderado del Frente Electoral Acuerdo para el Bicentenarioe inicia acción de amparo en contra de la Provincia de Tucumán a los fines de que se declare la nulidad de las providencias de la Junta Electoral Provincial, y entre sus argumentos dice:

“..cuando a viva voz y por medio documentado se ha constatado la existencia de rifas de automóviles y otros premios, bingos, vestidos de 15 años, obras sociales, módulos habitacionales y cualquier bien  o  prebenda  que  es  arteramente  discernido  como  un  “favor  del  príncipe”,   en  un sojuzgamiento cultural que lleva a tildar de traidor o desagradecido a quien habiendo sido beneficiario  de  alguna  de  dichas  dádivas,  dirija  su  elección  hacia  un  candidato  de  la oposición. Expone que este sistema excede a las dádivas tradicionales alcanzando formas más sutiles de compra o enajenación de la voluntad, la que se concreta cuando desaparece la inteligencia colectiva y los consensos y entra a regir la voluntad arbitraria de una o de un reducido grupo de personas. Agrega que el uso desenfrenado del poder en provecho particular y no en miras al bien común se ha plasmado en el “bolsoneo” de todo tipo, desde la patética bolsa conteniendo comida hasta la distribución autocrática de cargos,
funciones  y  favores  en  un  entramado  sutil  y  de  infinitas  manifestaciones  tendientes  a comprar voluntades o acallar voces.”



(SENTENCIA Nº 822: JUICIO: “ACUERDO PARA EL BICENTENARIO VS. PROVINCIA DE TUCUMÁN S/ AMPARO”. EXPTE. Nº  420/15.-)

El famoso clientelismo….pero, ¿es lo mismo el asistencialismo que la implementación de políticas sociales..?
El sociólogo Javier Auyero sostiene que “hoy se utiliza el término clientelista como sinónimo de corrupción, de político que vende drogas, de policía que chorea. Todo es clientelismo, y cuando un término empieza a servir para todo, no sirve para nada, sobre todo para las ciencias sociales” (Auyero Javier, La política de los pobres. Las prácticas clientelistas del peronismo)


“Existe en el imaginario popular la asociación de la idea de clientelismo político con la época dorada de Evita Perón o con la entrega de las cajas del Plan Alimentario Nacional (PAN) durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Es el mismo prejuicio que muchas veces enlaza la pobreza con la delincuencia o equipara a beneficiarios de planes sociales con vagancia. No todo es tan lineal como parece. Mucho menos en la Argentina y en la historia de este país. Por ello se hace necesario profundizar algunos aspectos de los orígenes posibles del clientelismo político, entendiendo éste como un intercambio de favores en función de la cosecha de votos, aunque es mucho más complejo que eso.

Vale la pena destacar que en el balance de este contexto histórico, no fue el peronismo el primer movimiento político que utilizó la política social como herramienta necesaria para acumular poder. Antes hubo otros sectores de la vida política argentina interesados en buscar el apoyo electoral a través de dádivas: fueron los conservadores, durante las décadas de 1920 y 1930.

Con la crisis de los años treinta se expandió la pobreza a gran parte de la población. Los pobres dejaron de ser solamente los mendigos, enfermos o vagos. La pobreza golpeó a importantes colectivos de asalariados que por la crisis habían perdido su principal fuente de ingresos. Cambió entonces de manera fundamental el concepto de pobreza. El sujeto de la pobreza ya no era inmoral ni tampoco estaba incapacitado para el trabajo; más aún: se resistía a perpetuarse en esa condición.

Políticamente, la década del 30 abrió con un golpe de Estado que les dio el mando a los dirigentes conservadores, con el general Uriburu al frente. “La iniciativa fue el resultado de una convergencia integrada, fundamentalmente, por la dirigencia política conservadora y los actores socioeconómicos predominantes”, explica el politólogo Ricardo Sidicaro. El cambio fue continuado y  profundizado  durante  el  gobierno  de  Agustín  P.  Justo  (1932-1938).  Políticamente,  la  abstención  de  la  Unión  Cívica  Radical  y  el  fraude  hicieron que el oficialismo, pudiendo prescindir de apoyos electorales, designara las autoridades.

En esta época se empezaron a dar las prácticas clientelares de compra de votos y el reparto de favores para conseguir apoyo electoral. Ejemplo de ello fueron el intendente de Avellaneda Alberto Barceló y el gobernador de Buenos Aires Manuel Fresco.

Sin ir más lejos, el caudillo de Avellaneda recibía en su casa, ubicada frente a la plaza principal de esa ciudad, a quienes necesitaban asistencia del Estado. Esta misma práctica la había desarrollado el propio Yrigoyen, aunque en su despacho de la Casa de Gobierno. La larga espera que tenían que atravesar aquellos que recurrían a él para resolver sus trámites se conoció como “la amansadora”.

Con la llegada de Perón al poder en 1946, las políticas sociales se afianzaron y expandieron, en especial las dirigidas a las clases trabajadoras, sobre las que el General se apoyaba políticamente. Muestra de ello es la importancia que le dio el Gobierno al gasto en salud, educación y vivienda. Es importante señalar el carácter universal de dichas políticas.

El de Perón fue sobre todo un Estado de Bienestar: el gasto público y el aumento de los salarios de los trabajadores sirvieron para fogonear la demanda interna, pero también para aplicar una política redistributiva. Gerchunoff y Llach afirman: “En los años 1946, 1947 y 1948 la clase trabajadora experimentó el mayor aumento de bienestar de toda su historia”.

Las políticas sociales tenían como grandes destinatarios a los trabajadores y los grandes aliados del  gobierno  fueron  los  sindicatos.  Sobre  ellos,  Perón  llegó  a  decir:  “Antes venían de alpargatas. Ahora los veo con camisas de seda y buenos trajes”. Frases como esta conformaban el discurso peronista, que resaltaba la dignidad del trabajo, la importancia de la industria y su centralidad para el progreso argentino.

Existen diferentes opiniones sobre la concepción del peronismo en cuanto a prácticas clientelares. Según Sidicaro, el peronismo no dependía de la relación clientelar con los ciudadanos para ganar las elecciones. Las redes sociales que se forjaron durante los gobiernos de Perón se sustentaban en los derechos universales en torno a la salud, la educación y el trabajo que el Estado reconoció y buscó garantizar. En este sentido, según Sidicaro, el peronismo abordó las problemáticas sociales con un reparto universal y, por ende, no clientelar.

La política distributiva de las cajas PAN fue duramente criticada por su perfil clientelar y por la sospecha de irregularidades en el entramado del reparto.

Claro que se trataba de un esquema de emergencia, coyuntural y sin ninguna práctica aparente de coordinación entre los Estados provinciales y la Nación.

Para responder a la creciente desocupación, en 1996 Menem implementó el Plan Trabajar, que fue elprimer intento de gran magnitud para paliar los efectos de la desocupación. Si bien parecía apuntar al problema del empleo, el Plan Trabajar se trató más bien de un caso concreto de política social de tipo asistencialista, focalizada a una población determinada.

Cuando asumió el gobierno de la Alianza (1999-2001) liderado por Fernando de la Rúa y conformado por la confluencia la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frepaso, la deuda y las presiones de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) acorralaron al gobierno, de por sí errático. Luego de una década de achicamiento y desmantelamiento del Estado, en 2001 estalló la peor crisis económica y política de la historia argentina. Reducido al mínimo, con poco margen de maniobra y sin “un piloto de tormenta” a la altura de las circunstancias, el Estado se encontró sin la estructura adecuada para amparar a los millones de personas que iban cayendo vertiginosamente por debajo de la línea de pobreza. Está claro que las ideas originales de progresismo en materia de política social que prometió la Alianza durante la campaña electoral jamás fueron puestas en práctica. Por el contrario, el gobierno de De la Rúa reinstaló prácticas clientelares propias del menemismo y limitadas a la coyuntura. (1)

(Extractado de: Martín Dinatale y Alejandra Gallo; POBREZA & NEGOCIOS. Hecho en argentina)

Además  de  su  política  socioeconómica  de  integración  a  través  del  trabajo, Perón puso en marcha políticas sociales muy significativas, sobre todo para los trabajadores: creó las obras sociales sindicales y amplió las cajas previsionales para los empleados de comercio y del personal de la industria. Más tarde sancionó la ley del régimen previsional para empleados rurales, trabajadores independientes, profesionales y empresarios.
Al instrumentar estas medidas, el peronismo supo aprovechar un contexto muy favorable para convertir la política social en un instrumento ampliamente productivo en términos de apoyo político.
Puede observarse que las prácticas hoy criticadas, son ejercidas hace bastante tiempo…recordemos qué se decía cuando se promulgó el Estatuto del Peón Rural, que  no sólo producía trastornos económicos, sino que además era “el germen de futuras luchas y de odios irreconciliables que el mismo Estatuto se verá más tarde precisado a reprimir”. ¿Qué generó ese odio? Haberle dicho al país, y “especialmente a hombres de escasa cultura y poco discernimiento que son los esclavos explotados por sus patrones”; ello despertaba en estas personas “un sentimiento confuso de rencor hacia los otros hombres, hacia la organización social existente, hacia las leyes, las instituciones, la justicia y el derecho”, dijeron los hombres cultos y sostenes de las instituciones. Y como los peones rurales no entendían nada, todo esto podía llevarlos “a la devoción irracional y transitoria de caudillos que terminan, como lo prueba el ejemplo irrecusable de la historia, en sumir a los pueblo en la más negra tiranía”.


¿Qué decía Américo Antonio Ghioldi, un político y maestro del Partido Socialista;

"Las masas a las que se excitaba en su sentimiento de justicia con la política de las alpargatas, las promesas de decretos-leyes, la participación en las ganancias, la crea­ción de jardines y colonias para la regimentación de los espíritus, la educación para la muerte, el control de la inteligencia, por el monopolio estatal de la radio, la pren­sa, el cine y el teatro, con el fin de sembrar un solo pen­samiento y estremecer con un único favor los corazones de todos, son conducidas insensiblemente hacia los crí­menes más grandes de la humanidad: el hijo espía al padre, los hermanos se denuncian entre sí, el hombre lobo para el hombre, se lanza a la persecución y a la caza del adversario ideológico o del enemigo racial y luego concluye en criminales empresas de aventura universal".
(Américo Ghioldi; Alpargatas y libros en la historia argentina)


El 9 de junio de 1956, la dictadura de Aramburu hizo fusilar extrajudicialmente en los basurales de José León Suárez (en las afueras de Buenos Aires) a varios militares y civiles que se habían sublevado contra la dictadura. Américo Ghioldi justificó la masacre, y escribió su frase más conocida (una mención a Macbeth, de Shakespeare).

  "Los hechos de la noche del sábado 9 y domingo 10, dentro de su inmensa tragedia, definen circunstancias y posiciones sobre las cuales parece necesario detenerse a pensar hondamente. En primer lugar, es dato fundamental de los hechos acaecidos, la absoluta y total determinación del Gobierno de reprimir con energía todo intento de volver al pasado. Se acabó la leche de clemencia. Ahora todos saben que nadie intentará, sin riesgo de vida, alterar el orden porque es impedir la vuelta a la democracia."


Se acabó la leche de clemencia.. durante 18 largos años no sólo no hubo clientelismo para los peronistas, abundaron las persecuciones, las torturas, los fusilamientos… y no desapareció.
Y debemos considerar también que hubo clientelismo durante el gobierno de Alfonsín, Menem y De La Rua…pero no se ocasionó mencionada “enajenación de la voluntad, la que se concreta cuando desaparece la inteligencia colectiva”:

 “El descontento social de la creciente y acuciante crisis se vio reflejado en las elecciones del 14 de octubre de 2001, en las que los votos de los dos partidos mayoritarios alcanzaron apenas el 30%, menos del 75% de los ciudadanos se acercó a las urnas y el 15% de los que lo hicieron optaron por el voto en blanco o voto nulo, conocido en esos días como el “voto bronca”.   (1)
(1)(Extractado de: Martín Dinatale y Alejandra Gallo; POBREZA & NEGOCIOS. Hecho en argentina)

No hay comentarios:

Publicar un comentario