jueves, 8 de octubre de 2015

POPULISMO O ESTADO DE BIENESTAR..?



Populismo es un término de gran ambigüedad, ampliamente utilizado habitualmente en contextos políticos y de manera peyorativa, sin que del término se desprenda una evidente identificación ideológica (dentro del esquema o espectro político izquierda-derecha), sino más bien con procedimientos políticos (demagogia o “estilo plebeyo”).  

    Populistas a la derecha, populistas a la izquierda. Quien dice “populismo” se adentra en un terreno difícil... En todo caso, el concepto de populismo es despectivo.... Hablamos entonces de demagogia, y la demagogia tiene un gran repertorio de métodos.


Una parte importante de los estudios latinoamericanos cuestiona el uso eurocéntrico y generalizador del término “populista”, cuando se aplica a corrientes políticas latinoamericanas, obviando el estudio puntual y las circunstancias históricas particulares de las mismas. “Populismo” se usa para designar a la corriente ideológica que sostiene la reivindicación del rol del Estado como defensor de los intereses de la generalidad de una población a través del estatismo, el intervencionismo y la seguridad social con el fin de lograr la justicia social y el Estado de Bienestar. En Europa se aplica a la derecha xenófoba francesa, británica u holandesa; en América Latina, al eje chavista venezolano, ecuatoriano o boliviano. Pero el término sigue teniendo difícil acceso al mundo académico.

Una politóloga propuso, hace años, el abandono del término, por indefinible. La obstinación con que se sigue utilizando indica, sin embargo, que algo deben de tener en común los dispares fenómenos a los que aplicamos ese nombre como para que valga la pena intentar ponernos de acuerdo sobre su significado.


Populismo en sentido negativo

El populismo con una “significación a despreciativa”, es el uso de “medidas de gobierno populares”, destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si esta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático. Sin embargo, a pesar de las características antinstitucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo) sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

En sentido general, sectores socialistas y comunistas han utilizado el término “populista” para definir a los Gobiernos que -aun favoreciendo a los “sectores populares” (principalmente a la clase obrera)- no pretenden terminar con el sistema capitalista.

Tanto la economía keynesiana, como una posición crítica de la política exterior de Estados Unidos han sido prácticas sustanciales del populismo latinoamericano, tanto de los años 1930-1950, como la más reciente ola de la “nueva izquierda” de los 2000. 
También se considera que un Gobierno populista es aquel que no promueve un mayor acercamiento a Estados Unidos.

 Desde un punto de vista opuesto, los sectores conservadores han utilizado el término “populista” para definir a los gobiernos que presentan los intereses de las clases económicamente más altas (grandes grupos económicos, etc.) como separados y contrarios a los de las más bajas consideradas como una mayoría permanente con intereses homogéneos autoevidentes que no requerirían así del pluralismo político, destruyendo la posibilidad del disenso político y del crecimiento económico por vías privadas.

Populismo en sentido positivo

Varios movimientos sociopolíticos a través de la historia mundial moderna han pretendido que “el pueblo”-es decir, los agricultores y campesinos, los obreros, los pequeños empresarios,  las clases profesionales (médicos, maestros, profesores, contables, ingenieros, empleados públicos, etc.)- sea quien ostente el poder en los estados democráticos, en contra así de las élites o clases dominantes.

Estos movimientos populistas se han basado en las ideas políticas de la cultura autóctona sin necesariamente reivindicar el nacionalismo, y oponiéndose siempre al imperialismo. 




En América Latina existen varios ejemplos de gobiernos que con sus diversos matices y características temporales y espaciales han sido tildados de “populistas” por sus opositores:

En Argentina, todos los gobiernos democráticos electos han sido calificados como populistas por algún analista, con excepción de Fernando de la Rúa.

El New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt y la Nueva Frontera del presidente John F. Kennedy han sido considerados iniciativas del “populismo progresista». En cambio, la BBC ha calificado el gobierno del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, como “populismo conservador".En Estados Unidos, al igual que en América Latina, se recurre al término “populismo” para descalificar las características de los candidatos opositores tanto de derecha como de izquierda. En la campaña para las elecciones presidenciales de 2008, el diario El País (de España) calificó negativamente como “populistas” tanto a Hillary Clinton como a Obama. Por su parte, el presidente George W. Bush también ha sido considerado como populista.
En 2007, Paul Krugman -ganador del Premio Nobel de Economía en 2008- sostuvo que Estados Unidos precisaba un “contragolpe populista” (populist backlash) para revertir el aumento de la desigualdad social.





Estado del bienestar, Estado benefactor, Estado providencia o sociedad del bienestar es un concepto de las ciencias políticas y económicas con el que se designa a una propuesta política o modelo general del Estado y de la organización social, según la cual el Estado provee servicios en cumplimiento de derechos sociales a la totalidad de los habitantes de un país.

Los estudios acerca del Estado del Bienestar se pueden dividir entre los dedicados a su origen, características o función general y los que se centran en la implementación específica por los estados de tales esquemas y en ambos casos tanto de forma aislada como de forma comparativa.

La noción de “Estado Benefactor” tiene su origen en el año 1946, como consecuencia de la experiencia traumática de la crisis generalizada producto de la Gran Depresión, que, generalmente, se considera que culminó en la Segunda Guerra Mundial.


El Estado del Bienestar, en relación a los Derechos económicos, sociales y culturales, considerados como Derechos humanos, se define como:

    “El paso de una seguridad social sólo para algunos, a una seguridad social para todos los ciudadanos marca la aparición del Estado de Bienestar. Los derechos de seguridad social, es decir, las pensiones, la sanidad, el desempleo, junto a los servicios sociales, el derecho a la educación, la cultura y otros servicios públicos aplicados al conjunto de los ciudadanos y no sólo a los trabajadores, definirán la política de bienestar social como sello de identidad de las democracias europeas más avanzadas”.



Posteriormente, y a partir de una crítica temprana al Estado del Bienestar desde el punto de vista de la escuela austriaca, algunos políticos -por ejemplo, Margaret Thatcher en el Reino Unido buscaron implementar lo que fue generalmente percibido como una tentativa de “desmantelar el Estado del Bienestar”.


Consecuentemente los resultados del proyecto de la Sra. Thatcher no fueron, quizás, los esperados por los partidarios de la ‘’liberación de fuerzas económicas”. En los años que siguieron la implementación de tales medidas, la inflación en Inglaterra alcanzó un 20%. Tanto las tasas de interés como las de desempleo subieron excesivamente y la base industrial británica fue decimada.

Mientras tanto, en EEUU, Ronald Reagan sería elegido con una promesa de “reducir impuestos, aumentar el presupuesto de defensa y equilibrar y reducir el gasto fiscal”, implementó políticas similares que, en su conjunto, llegaron a ser conocidas como neoliberalismo.

A nivel mundial, la imposición de tales políticas llevó a la decadencia del crecimiento económico mundial, de una tasa promedio de casi 3% anual en el periodo 1950-1973 a uno de menos de 1,5% en el 1973-2000. Al mismo tiempo, el ingreso per cápita del cuartil de mayores ingresos ha sido mucho más rápido que el de menores ingresos, lo que ha aumentado dramáticamente la desigualdad social. Situación que ha continuado en la primera década del siglo XXI. En octubre de 2010 el Fondo Monetario internacional publicó una tabla que muestra que el crecimiento económico mundial ha declinado (con la excepción de Asia incluyendo China) incluso en relación a 1980.


A pesar de lo anterior, los mecanismos, logros y objetivos del Estado del Bienestar aún se mantienen, en Europa, no solo como fundamento moral de cohesión social sino también como base realista y necesaria del bienestar socio económico común. Por ejemplo, el Libro Verde sobre “Los Servicios de Interés General” presentado por la Comisión Europea en mayo del 2002 define la noción del interés general europeo como “la satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos y la preservación de bienes públicos, cuando el mercado falla”

Aún más recientemente, como consecuencia de la Crisis económica de 2008-2009, la demócrata cristiana Angela Merkel -haciéndose eco del sentimiento keynesiano- proclamo “Solo el Estado es capaz de restaurar la confianza necesaria”.


Para otros, tal derecho no existe como tal, sino que más bien hay un deber, ya sea del estado, la sociedad o sus miembros -la llamada responsabilidad social- que puede o no concebirse como emanada o fundada ya sea en el concepto de bien común, o en la responsabilidad moral, o en el concepto legal de obligación conjunta derivada de un hipotético Contrato Social.62 que, a su vez, puede o no ser explícito en una Constitución.

Sin embargo, para otros, el asunto no trata de principios, sino de objetivos: el propósito del estado no puede ser otro que promover el Interés público o “social” o “común” de manera práctica. Así, se sugiere, si fuera el caso que los gastos que el sistema implica son de beneficio a la sociedad en su conjunto, tales gastos serían ampliamente justificados. Desde este punto de vista, los gastos de “bienestar” pueden ser considerados no solo gastos de “buen funcionamiento” de la sociedad, sino también como inversión social, pudiendo ser vistos no solo como aumentando la cohesión social sino también la productividad común.

Argumentos en contra

Aportan los siguientes argumentos contra el Estado del Bienestar:

  Individualista: la intervención del Estado infringe la libertad individual; el individuo no debe ser forzado a subvencionar el consumo de terceros - el Estado del Bienestar quita libertad de elección, ya que son burocracias sobre las que el ciudadano tiene muy poco control las que deciden qué bienes y servicios “compra” uno con sus impuestos, mientras que en un mercado libre y privado, el consumidor es el soberano total (argumento desarrollado por Milton Friedman en “Libertad de elegir”).

  Conservador: el Estado del Bienestar supone un riesgo moral, ya que los individuos se ven desligados de las consecuencias económicas de sus actos. Por ejemplo: uno puede practicar deportes de riesgo, a sabiendas de que la atención sanitaria está pagada colectivamente, y de que, si sufre un accidente grave, existen pensiones de invalidez.

 Objetivista: el Estado del Bienestar se basa en una falacia, ya que si individualmente los ciudadanos no pueden permitirse un determinado nivel de “bienestar”, no hay ningún motivo para que sí puedan hacerlo colectivamente (argumento de Leonard Peikoff).

 Movimiento obrero revolucionario (marxista o anarquista): el Estado del Bienestar es un instrumento temporal para disimular la explotación que subyace bajo el sistema capitalista.

 Privatización: Algunos economistas dicen que los servicios que presta el Estado del Bienestar podrían ser prestados con mayor eficiencia por el sector privado.

El Estado del Bienestar en Europa

Es frecuente escuchar decir que existe un solo modelo social europeo, como contraposición al modelo social existente en los EE. UU. Lo cierto es que la realidad es mucho más compleja. Existen en realidad distintos modelos sociales (es decir, Estados del Bienestar) en el seno de la UE. A pesar de que cada país tiene unas particularidades propias, se pueden distinguir cuatro modelos distintos:

  •     El modelo nórdico, de Dinamarca, Noruega, Islandia, Finlandia, Suecia y Países Bajos.
  •     El modelo continental, de Austria, Bélgica, Francia, Alemania y Luxemburgo.
  •     El modelo anglosajón, de Irlanda y Gran Bretaña.
  •     El modelo mediterráneo, de Grecia, Italia, Portugal y España.


El modelo nórdico

Presenta el nivel más alto de protección social y su característica principal es la provisión universal basada en el principio de ciudadanía, es decir, que existe un acceso más generalizado, con menos condiciones, a las prestaciones sociales.

En lo que se refiere al mercado de trabajo, estos países se caracterizan por importantes gastos (relativos) en políticas activas con el objetivo de la reinserción rápida en el mercado de trabajo de los desempleados. Se caracterizan también por un elevado número de empleos públicos. Los sindicatos tienen una elevada afiliación y un importante poder de decisión lo que provoca una baja dispersión de los salarios (una distribución más equitativa de la renta).

El modelo nórdico se caracteriza también por una elevada cuña fiscal.

Características del modelo nórdico

Los países nórdicos son estados pequeños, relativamente homogéneos en términos de etnicidad y religión, de larga tradición democrática, de respeto por los derechos humanos y de estado de derecho. Entre 1870 y 1918 tuvo lugar la abolición del trabajo de menores, pensiones para personas adultas pobres, seguros de riesgos profesionales, fondos para seguro de enfermedad. Entre 1919 y 1950 se produjo una importante extensión de los derechos sociales, el movimiento obrero tuvo un papel fundamental consiguiendo la extensión de relaciones laborales autónomas, por medio de acuerdos entre patrones y sindicatos, una tasa alta de organización de todos los asalariados, incluyendo mujeres. Una colaboración efectiva entre los líderes de clases sociales y el nuevo grupo de “ingenieros sociales” que se unieron a los partidos socialdemócratas. El universalismo es una de las principales características del modelo nórdico, junto con la financiación por impuestos, la provisión pública de transferencias y servicios, énfasis en los servicios sociales personales, provisiones de alta calidad y tasas de compensaciones altas e igualitarias.

(Fuente: SEN, Amartya K. (2010). La idea de la justicia.)

Se pone de modelo a imitar la educación, el progreso de algunos paises nórdicos, pero, no sé por que extrañas razones, esas políticas, aplicadas en el país, pasan a ser "populismo, clientelismo", hay críticas por los planes "con mi plata", se repite "no dar pescado, enseñar a pescar", se sigue hablando de las deficiencias de lo público, olvidando que los mismos servicios en manos de los privados privilegió la renta por los servicios... y ultimamente, da lugar a  desvalorizar resultados de elecciones y pedir su anulación, y hablar de un voto calificado..


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