sábado, 26 de marzo de 2016

DICTADURA Y COMPLICIDADES


Según Lanata, "gran parte de la Argentina estuvo de acuerdo con el golpe"
El periodista opinó sobre el rol que cumplió la sociedad a 40 años del inicio de la última dictadura militar. "No se puede dar un golpe con un país en contra", analizó. Durante una entrevista con Infobae, en este sentido el periodista resaltó que "en buenahora que se pudieron hacer juicios pero me parece que todavía falta que la sociedad, de alguna manera, culturalmente se haga responsable de todo lo que pasó. Pero, creo, eso es una discusión de 20 o 30 años en adelante y no de ahora".

¿Esperar tantos años para discutir... o para dejar todo en el olvido, los responsables ya no estén, no puedan ser juzgados..? Según manifiesta Lanata, si debemos esperar 20 años, recién ahora podríamos discutir las responsabilidades de otra dictadura, la fusiladora del 55....

"Pero  el 20 de marzo de 1996, faltando pocos días para cumplirse los veinte años del golpe militar de 1976, Osvaldo Bayer pronunciaba su clase inaugural en la Cátedra Libre de Derechos Humanos, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La trascripción que publicamos de dicha clase inaugural ha sido corregida por el autor y nos fue acercada por gentileza de dos integrantes de la misma cátedra: Graciela Daleo y Juan Carlos Cena. Este texto inédito, más allá de las referencias a personajes y situaciones de entonces, conserva toda la vigencia y el peso que sobrepasa ampliamente la temporalidad de su redacción."   Fuente

 Para tener presente y no repetir errores...


“Hitler no fue ningún accidente de trabajo”, escribió el escritor alemán Fritz Fischer. Videla tampoco fue ni una casualidad histórica, ni una repentina aparición en la sociedad argentina. Videla es un producto nacido en el proceso de constante traición a la democracia argentina de todos sus factores de poder, partidos políticos, militares, poderes económicos, intelectuales, iglesias, sindicatos. Videla, en primer término, es un hijo legítimo de la educación que recibió y se sigue impartiendo en nuestras instituciones militares, pero al mismo tiempo, es el hijo putativo de radares de autodefensa de los poderes económicos, es la consecuencia directa de la absoluta falta de convicción democrática de los dos partidos mayoritarios argentinos o, por lo menos, de las estructuras que mueven su poder interno. En fin, Videla es la síntesis de un establishment argentino donde amigos y enemigos de intereses creados son circunstanciales protagonistas que se aporrean y golpean y terminan luego saliendo al escenario tomados del brazo y unidos cuando huelen algún peligro próximo.
A veces, las figuras representativas, los llamados modelos, son más didácticos para comprender el juego interno que se mueve en la sociedad que un análisis científico. Menem y Alzogaray en trincheras enfrentadas en marzo de 1976, Menem y Alsogaray en marzo de 1996, hombro con hombro en la misma trinchera, es decir, cambiar todo, para no modificar nada. (…)
 Tal vez el mayor antecedente de la Obediencia Debida, el Punto Final e indultos, a la dictadura de Videla y sus hombres, fue el otorgado por Frondizi a Aramburu y Rojas, con aditamento de ascenderlos a la cúpula del ejército y la marina, los más altos cargos de teniente general y almirante, a pesar de sus antecedentes de haber sido los responsables de la masacre de José León Suárez y del fusilamiento de compañeros de armas suyos, como el general Valle y otros oficiales y suboficiales.
La falta de vocación democrática de las organizaciones políticas y de los poderes que movieron siempre a la sociedad argentina se comprueba en el hecho por el cual todos aquellos que aceptaron y ejercieron cargos durante las sucesivas dictaduras, pudieron ser, sin problemas, ministros o funcionarios elegidos constitucionalmente. Hasta ahora mismo, después de la máxima tragedia argentina, un ministro de la dictadura ha pasado a ser ministro del gobierno constitucional, como es el caso de Camilión, para no hablar de otros funcionarios.
Pero el caso más patético de nuestra historia, de nuestro historial democrático, lo estamos viviendo ahora, después de haber experimentado esa tragedia y que es como si nada hubiéramos aprendido. Es el caso del general Bussi, acusado y condenado por múltiples crímenes, que hoy gobierna Tucumán por haber sido el más votado. Vemos, que nuestra pobre democracia no tiene ningún resorte para su defensa. Se dictan leyes, pero luego se eluden, ¿dónde quedó la tan cacareada defensa de la democracia que tanto se habló en diciembre de 1983?
“Hitler no fue un accidente de trabajo”, las dictaduras de las fuerzas armadas en la Argentina no se dieron por casualidad, fueron el resultado de una sociedad insolidaria, superficial, egoísta, falta de ética, exitista.
Videla y Massera comienzan ya en el momento en que en nuestras calles no se respeta al peatón: primero el camión, luego el colectivo, luego el auto y último el peatón, más todavía si es anciano o niño. El aprender esa norma de convivencia tendría que ser el primer capítulo para que los argentinos aprendamos lo que son los derechos humanos.
Videla y Massera comienzan en cuanto hay políticos que no reaccionan, cuando en sus propios partidos hay afiliados declarados criminales de apellido Patti, elegido intendente de Escobar, o mercaderes de objetos robados a los desaparecidos, como Julio César Aráoz, alias el “Chiche” Aráoz, un funcionario fundamental del actual gobierno.
(…) La iglesia, con una conducta oficial que debe repugnar hasta a los fieles más incondicionales. La universidad de los Bruera y los Ottalagano, que ayudaban a redactar las listas de profesores y alumnos que luego desaparecerían. La burocracia sindical, de donde luego salieron miembros de las patotas de las “Tres A”.
Y el sector de los intelectuales. Bastaría leer las declaraciones del escritor argentino Manuel Mujica Láinez, en el diario español La Vanguardia del 10 de octubre de 1979, en las que él rechazaba las aseveraciones de Julio Cortázar que había acusado al gobierno de Videla de cometer un genocidio cultural en la Argentina, con el asesinato de escritores, la quema de libros, y las listas prohibitivas de hombres y mujeres de la cultura. Como ejemplo de que en la Argentina no sucedía eso, Mujica Láinez señaló, textual: “En la Argentina estamos allí muy tranquilos. Estamos todos, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, todos los grandes. –y agregó con humorismo– Nada nos hubiera costado ir a París, como los reprimidos de otros países, nadie nos lo impide, nos dan el pasaporte en cuanto lo pidamos”.
El 11 de octubre de 1979 el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en el diario El País de Madrid, le escribió una carta abierta a Mujica Láinez en la cual le dice:  
“si interpretamos bien sus palabras, hay que entender que sólo ustedes, los escritores grandes, están muy tranquilos en la Argentina. Sin embargo hay dos, que yo considero muy grandes y que no están tan tranquilos como ustedes: me refiero a Rodolfo Walsh y a Haroldo Conti que hace ya varios años que fueron secuestrados por patrullas de la represión oficial y que nunca más se ha sabido de ellos. Usted y todos los escritores grandes que cita, serían todavía mucho más grandes si sacrificaran un poco de su tranquilidad y su grandeza y le pidieran al gobierno argentino un par de esos pasaportes tan fáciles para Rodolfo Walsh y Haroldo Conti”.
En efecto, los grandes escritores argentinos que menciona Mujica Láinez, pudieron entrar y salir del país sin ningún problema, estuvieron en grandes citas internacionales. Ninguno de ellos fue capaz de denunciar en el exterior el tema de los desaparecidos, o de la represión cultural. Silvina Bullrich atacará también a Julio Cortázar, escribiendo que “ni Borges, ni Mallea, ni Sábato se fueron”. Ernesto Sábato, muy indignado por el llamado al mundo de Julio Cortázar, escribió en Clarín, el 5 de julio de 1980, textual: “En la Argentina la inmensa mayoría de sus escritores, de sus pintores, de sus músicos, de sus hombres de ciencia, pensadores, están en el país, y trabajan. Cometen una gran injusticia los que están afuera del país pensando que acá no pasa nada y que es un tremendo cementerio”.
Luis Gregorich, un crítico literario que fue posteriormente funcionario de cultura de Alfonsín, se pregunta en el mismo número de Clarín: “Después de todo, ¿cuáles son los escritores importantes exiliados?”. Me pregunto: ¿acaso hay algo más cínico que esa pregunta?, como si el crimen se midiera por la importancia de la obra.
Aquí me vienen a la memoria las palabras de Cicerón, que opinaba con referencia a la dignidad de la persona: “Toda laudatio debe estar referida a la dignidad que tuvo en su vida la persona y no a su obra. A la dignidad con que ha vivido, que le es propia, no a la obra que puede haber escrito o creado”. Apreciamos más la actitud digna y valiente de la partera María Luisa Martínez de González y la enfermera Genoveva Fantacsi, quienes asistieron al parto de una detenida embarazada, Isabela Valenci, que había sido llevada esposada por el célebre torturador de parturientas comisario médico Bergés, al hospital de Quilmes, en 1976. Las dos mujeres cumplieron con un deber humanitario, avisando a la familia de la detenida sobre el nacimiento del niño. Desde entonces estas dos heroínas de la civilidad están desaparecidas. Apreciamos más la dignidad de estas dos humildes mujeres que toda la obra genial de un escritor que terminó aceptando la condecoración de Pinochet.
Pero ni Julio Cortázar ni los que denunciáramos desde el exilio el drama argentino para ayudar a todos los colegas y amigos que sufrían aquí el exilio interior nos equivocábamos ni exagerábamos. El año pasado, en un acto similar al de hoy, en esta misma aula, Patricio Contreras y Leonor Manso nos leyeron poesías de nuestros poetas desaparecidos durante el régimen de la picana y la capucha.
Hace menos de una semana, en la plazoleta Rodolfo Walsh se recordaron las decenas y decenas de periodistas asesinados. Durante todo el año pasado descubrimos placas en patios y galerías de colegios y universidades, con centenares de nombres de profesores y alumnos secundarios y universitarios caídos en la edad en la que despertaban a la vida. A Cortázar quisieron acallarlo arrojándole a la cara los nombres de los famosos, pero cuando los militares cayeron y todos los famosos se reacomodaron, la verdad de Cortázar salió a la luz.
(..) El informe de la OEA descarta totalmente la teoría de los dos demonios, cuando señala: “En la vida de cualquier nación las amenazas al orden público o a la seguridad personal de sus habitantes que emanan de personas o grupos que utilizan la violencia, pueden llegar a alcanzar tales proporciones que exijan suspender temporalmente el ejercicio de ciertos derechos humanos. La mayoría de las constituciones de los países americanos aceptan tales limitaciones e incluso prevén algunas instituciones como el estado de emergencia o el estado de sitio, para tales circunstancias. Por supuesto que para que puedan adoptarse tales medidas deben mediar consideraciones de extrema gravedad ya que su implementación debe obedecer precisamente a la necesidad de preservar aquellos derechos y libertades que han sido amenazados con la alteración del orden público y la seguridad personal. Sin embargo, es igualmente claro que ciertos derechos fundamentales jamás pueden suspenderse, como es el caso del derecho a la vida, el derecho a la integridad personal o el derecho a un debido proceso. En otros términos, los gobiernos no pueden emplear, bajo ningún tipo de circunstancia, la ejecución sumaria, la tortura, las condiciones inhumanas de detención, la negación de ciertas condiciones mínimas de justicia como medios para restaurar el orden público. Estos medios están proscritos en las constituciones y en los instrumentos internacionales, tanto regionales como universales”. (…)
Hace apenas 15 días, el ex funcionario del gobierno de Alfonsín, el historiador y abogado Félix Luna, a la pregunta de cuál es el período más trágico de nuestra historia, respondió en la revista Viva textualmente: “el período más trágico en la historia es el de la violencia terrorista y el Proceso. Son como el positivo y el negativo de una fotografía, la violencia terrorista y la del Estado”.
Realmente es hasta perverso que se sigan haciendo estas interpretaciones, aún hoy, a 20 años. Lo aclaró definitivamente la Fiscalía Nacional en la acusación a los Comandantes en Jefe, al decir: “con dos sofismas se pretendía justificar la represión clandestina, el primero dice: todos los detenidos son subversivos. No es que se ponía: detener subversivos, sino que todos los que ellos detenían eran subversivos, la detención convertía a la persona en subversivo. Conseguido esto, el segundo paso de este método perverso fue considerar que al subversivo como una especie de subhumano, de sanguijuela a quien se lo puede torturar o matar. Como se dijo haciendo referencia al régimen nazi, una vez que se convence a la sociedad de que una minoría, o un grupo, puede equipararse a una sabandija, el paso que hay que dar para llegar al propósito de eliminarlo no es ya demasiado grande”.
El fiscal Moreno Ocampo, ante el secuestro y asesinato de la estudiante alemana Elizabeth Kaesemann, dirá estas palabras indiscutibles desde el punto de vista político y humano: “Ante la justicia, todos los desaparecidos son inocentes de los crímenes de los cuales se los acusa. Los militares no pudieron comprobar jurídicamente ninguno de esos crímenes, por lo tanto, para la justicia todos los acusados son inocentes”. Estamos hablando desde el punto de vista estrictamente jurídico.
(..) Félix Luna en el mismo reportaje, como si la violencia de los ’70 hubiese comenzado con la muerte de Aramburu, a la pregunta de ¿cuál fue para él la muerte más absurda?, contesta: “La de Pedro Eugenio Aramburu a manos de los Montoneros”.
Que la violencia argentina empezó con dicha muerte es uno de los mitos de nuestra historia sostenido especialmente por los militares represores. Aramburu había fusilado al general Valle sin ningún juicio. Dentro de todo, el levantamiento del general Valle tenía más basamento de legalidad que el de Aramburu ya que se proponía devolver el gobierno a Perón que tenía mandato hasta 1958.
Cuando el pasado año el periodista Bernardo Neustadt puso frente al hijo de Aramburu al matador de su padre, Firmenich, el hijo del militar mostró toda su indignación ante el crimen y el criminal. Claro, el periodista Neustadt había invitado a un dúo falso en vez de a Firmenich, habría que haber traído a la hija del general Valle. Entonces la escena se hubiera invertido, el hijo de Aramburu, tendría que haberle pedido disculpas a la hija del general Valle.
Félix Luna, si hubiese dejado su corazón político y hubiera hecho un análisis ético a fondo, tendría que haber calificado como la muerte más absurda y no sólo más absurda, sino más cobarde y cruel, al asesinato cometido en la ESMA contra Azucena Villaflor, la madre que marchó a Plaza de Mayo para averiguar el paradero de su ser querido o la muerte de esa joven NN, embarazada a término y cuyo cadáver fue hallado en el cementerio de Avellaneda en una tumba masiva de desaparecidos durante el proceso, muerta de un tiro en el vientre que atravesó la cabeza, ya formada, de su futuro hijo.
Por supuesto, no hay muertes mejores que otras, pero sí las hay más cobardes y abyectas.
La memoria en nosotros significa precisamente eso, preguntarnos el por qué de la violencia de abajo en respuesta a la violencia de arriba, el estudio de la sociedad argentina y sus reiteradas traiciones a la democracia. Dilucidar el por qué del fracaso de esa violencia realizada desde abajo, y el por qué de la increíble y tal vez ya insuperable crueldad de la represión militar argentina.
En nuestros análisis llegaremos al presente del “gatillo fácil”, donde todo joven morocho y de pelo largo ha pasado a ocupar el cargo del presunto subversivo. Donde lo ocurrido en La Plata, en la represión contra estudiantes viene a rememorar la noche de los bastones largos de Onganía. Por supuesto, se produjeron de inmediato los razonamientos típicos del “por algo será”, y del “¿saben los padres dónde están sus hijos?”.
La pregunta de una periodista radial, Magdalena Ruiz Guiñazú, a la madrugada siguiente de los balazos a quemarropa en las tierras de Duhalde, tiene el mismo contenido, “¿Qué hacía Hebe de Bonafini con los estudiantes?”.
Inventar demonios es mucho más fácil que preguntarse el por qué de las órdenes brutales de represión.
La memoria en nosotros. Hablemos de las víctimas. Hoy todavía calificadas por muchos como el otro demonio. ¿Quiénes están habilitados para juzgar? En general, analistas y medios se basan en tres o cuatro figuras dudosas para juzgar el empuje de una generación. Esto sí hace pensar en lo erróneamente trágico que fue, para parte de la juventud, creer en cúpulas cerradas. Lo que sí es reivindicable fue su espíritu de protesta, su protagonismo ante tanto miedo y servilismo de una sociedad que había aprendido a decir que sí a todo y a confundir el ruido de los tanques en la calle como el del tránsito de vehículos de todos los días.
(..) La memoria en nosotros. Para probar lo anterior voy a leer dos documentos periodísticos, del órgano de prensa que más apoyó al régimen represivo de Videla, el diario La Nación. Se trata de algunos editoriales, dos de hace veinte años y el otro de dos décadas después. El primero, del 16 de agosto de 1976, señalaba textualmente: “Una guerra llevada a cabo sin piedad, por la subversión, ha hecho tabla rasa de los derechos humanos y ha llevado al gobierno del general Videla a una lucha sin cuartel, y en cuyo transcurso es muy difícil atender a las consideraciones de otros tiempos, invioladas. El presidente de la república, general Videla, ha hecho alusión, con acierto, a este estado de cosas. Nadie puede dudar, con justicia y honradez, de la vocación argentina por los derechos humanos y por la posición de las fuerzas armadas en el mismo sentido”. En otro editorial del mismo diario, que hoy nadie dudaría de calificar de infame, se incitaba a las fuerzas armadas a ejercitar la represión ya mismo contra los refugiados chilenos y uruguayos, que venían huyendo con sus familias y caían en la trampa de Buenos Aires. Fue la incitación a la caza del ser humano.
Veinte años después, el mismo diario escribe, en el mismo lugar de su página 8, el 15 de marzo de este año: “Las fuerzas armadas han producido los esperados mensajes de autocrítica sobre los métodos empleados en la lucha contra la subversión. Se ha completado así el proceso de sinceramiento de las fuerzas armadas respecto de esa sombría etapa histórica. Y el reconocimiento de sus propios horrores que han hecho las fuerzas armadas, abre ahora sí, la posibilidad de comenzar a marchar hacia una genuina reconciliación nacional”. ¿Cómo? ¿Hace veinte años incitaba a lo que hoy llama horrores? Los han dejado solos a los verdugos.
Cuando leo esto y comparo, no puedo menos que acordarme de todos los improperios que ese diario, más todos los medios de comunicación en esa época, más los organismos del Estado, y hasta los intelectuales, hicieron contra las Madres y otros organismos de derechos humanos, cuando denunciaban la existencia de campos de concentración, las torturas y las horribles muertes a las que eran sometidos los sospechados de conspirar contra los “valores occidentales y cristianos”. Pero claro, la palabra es hoy suprimir de la memoria todo lo que puede ser prueba de colaboración o de simpatía con el régimen verdugo. (…) Las encuestas dieron como resultado que la población no considera ya un posible golpe militar. Pero desconfiemos. Como se expresara el gran psicólogo Mitscherlich en su libro La incapacidad de duelo: “¿cuánta pasión por la democracia se mostraría si la economía empezara a andar mal?”. En nosotros precisamente no anda muy bien, por lo menos para los desposeídos. Este profundo psicólogo nos hablaba de los miedos regresivos. Veamos si no las causas de lo de Tucumán. El verdugo llamado nuevamente a gobernar: mejor un verdugo que corte cabezas, y no pensar.
Reflexionar lleva a posiciones peligrosas para la seguridad de cada uno. Es el mismo miedo cómodo de la teoría de los dos demonios: “Yo en el medio de los dos demonios”.
El mismo psicólogo agrega, “cuando la libertad de pensamiento no es exigida en forma crítica, corre el peligro de desaparecer nuevamente”. Ésta es justo la misión de docentes, intelectuales y protagonistas del estudiantado, del sindicalismo, de los luchadores por los derechos humanos. (…) ¿Cómo es posible que dos presidentes, Alfonsín y Menem hayan, el primero ascendido, y el segundo mantenido en actividad a uno de los seres más repugnantes que han tocado suelo argentino, el capitán Astiz, mientras al coronel Cesio se lo dio de baja por haber participado en una marcha con las Madres de Plaza de Mayo?
Voy a leer un párrafo del libro del coronel Horacio Ballester, titulado Memorias de un coronel democrático: “En el caso del ex coronel Cesio, sigue siendo el único militar argentino que continúa sancionado por hechos ocurridos en épocas de la última dictadura militar”. Claro, Cesio no mató, no robó, no torturó, no violó, no forzó la desaparición de personas, pero para las jerarquías castrenses hizo algo mucho peor. El fallo que lo condenó, dice así: “Cesio antepuso su condición de ciudadano a la situación de militar”.
Creo que lo dice todo. O son muy bestias, muy cínicos, o tal vez las dos cosas.
Sigo leyendo: “La causa real fue que Cesio acompañó a las Madres de Plaza de Mayo en sus marchas reivindicativas, por eso no está incluido en la obediencia debida, ni indultado. El militar que delinque gravemente es perdonado, mientras que aquel que no quiere ser cómplice de un equivocado espíritu de cuerpo es sancionado con dureza, ante la indiferencia del poder constitucional civil”. Ante este hecho, Alfonsín se calló la boca, Menem se calló la boca, el general Balza se calla la boca, el Parlamento se calla la boca, la sociedad argentina se calla la boca. Todos nos callamos la boca.
Argentina, 1996. No nos quejemos si después Patti y Bussi son elegidos por el pueblo.
La memoria en nosotros. A veinte años comencemos a abrir los claustros para el gran análisis y las búsquedas de los por qué, tenemos que estar preparados y preguntarnos cómo es que hemos llegado a la sociedad actual, desocupación, pobreza en aumento, humillación de la escuela pública, deterioro de la salud pública, jubilaciones de vergüenza.
Debemos trabajar esto, por la responsabilidad que tenemos ante nuestros hijos, nuestros nietos, ante la generación actual, ante las próximas generaciones.
La memoria en nosotros. Para que no se nos vuelva a sorprender con la desaparición y la tortura en la defensa de denominados valores occidentales y cristianos.
Esta cátedra estará incondicionalmente para analizar temas profundos de la Argentina. El foro de los viernes a la noche será el ágora donde protagonistas y gentes sin nombres podrán exponer sus testimonios y sus defensas. No le tendremos miedo a la palabra y buscaremos los argumentos que nos llevan a desnudar las falacias y a buscar la verdad, sin la cual no habrá solución para los problemas de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Y lo haremos en paz, en libertad, en solidaridad. No queremos vencer, sólo queremos convencer."






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