martes, 27 de septiembre de 2016

MENORES SALARIOS O CAPITAL HUMANO..?


¿Qué es el capital humano?
Para entender por qué crecen las economías, primero necesitamos ver por qué sucede la actividad económica. Tradicionalmente, muchos economistas creen que se necesitan cuatro cosas: "los cuatro factores de producción". El primero es obvio: tierra. Sin tierra, no habría dónde cultivar las semillas o dónde echar los cimientos de una fábrica o de una granja. El segundo es igualmente claro: fuerza de trabajo o trabajadores. Luego está el capital: es decir, los activos, por lo general dinero, necesarios para proveer los ladrillos para la fábrica y las máquinas para llenarla. Y por último, la empresa, o lo que el economista John Maynard Keynes llamaba los "espíritus animales". En otras palabras, la iniciativa que convierte una desnuda parcela de tierra en una fábrica.

Repasemos el segundo de estos factores de producción, la fuerza de trabajo. Con una cuantas excepciones, los economistas originalmente so­lían considerar a los trabajadores como una masa. Siempre y cuando los trabajadores estuvieran dispuestos y fueran capaces de realizar trabajo físico, en realidad no importaba mucho lo que sabían o cuáles eran sus habilidades. Mejor todavía, si hay mano de obra sobrante, dispuesta a trabajar por menores salarios...
La idea de que las habilidades individuales de los trabajadores eran una especie de capital -un activo tal como una rueca o un molino de harina que podían redituar ganancias- tardó un tiempo en ser comprendida. Aunque surgía de vez en cuando en los primeros años del siglo xx, no fue realmente sino hasta la década de 1960 cuando los economistas empezaron a incorporar sistemáticamente esas ideas en sus trabajos.


Esto sucedió porque trataban de responder la preguntal: ¿por qué crecen las economías? Los economistas clásicos, influidos por Smith, creían que la respuesta estaba en "la mano invisible". Smith creía que, en un mercado libre, la gente que representaba sus propios intereses podía utilizar los factores de producción y los bienes y servicios de ma­nera que cada uno de ellos le proporcionara la mejor ganancia posible. Difundido en toda la economía, el esfuerzo de todos estos individuos actuaba como una gigantesca mano invisible que impulsaba los recursos económicos hacia su uso más productivo.

Los economistas más recientes, como Robert Solow en la década de 1950, sugirieron soluciones más refinadas, aunque menos intrigantes, a la pregunta sobre el crecimiento y explicaron las relaciones entre diver­sos factores de crecimiento -fuerza de trabajo y capital físico, por ejem­plo- a través de "modelos económicos". Inicialmente, estos modelos no tuvieron mucho en cuenta el efecto de los diferentes niveles educativos ni la calidad de la fuerza de trabajo en el crecimiento económico. Pero fueron cambiando poco a poco y, desde principios de la década de 1960, se fue estableciendo un acuerdo cada vez mayor respecto a una parte clave del enigma del crecimiento, es decir, la importancia de la gente -sus habilidades, conocimientos y competencias- para el crecimiento económico. O, en otras palabras, el capital humano.

Capital Humano: los conocimientos, habilidades, competencias y atributos incorporados en los individuos y que facilitan la creación de bienestar personal, social y económico.
 Al igual que muchas ideas influyentes, es difícil encasillar la del capital humano en una sola persona. Pero uno de los primeros exponentes importantes fue el economista estadunidense Theodore Schultz. En un documento que apareció en 1961, Schultz observaba que "los economistas han sabido desde hace mucho que la gente es una parte importante de la riqueza de las naciones". Nadie podía discutirlo: después de todo, los economistas siempre habían incluido la fuerza de trabajo como un factor en la creación de la producción económica.Y no sólo eso, dijo Schultz, sino que en toda una economía, la calidad del capital humano -niveles de educación, estándares de salud- puede vincularse con el crecimiento económico. Esencialmente, lo que él y otros economistas decían era esto: una economía moderna no puede crecer sin una fuerza de trabajo educada.
El capital humano sí desempeña un papel importante en el crecimiento económico, y su huella puede trazarse retrospectivamente hasta el siglo xix y el surgimiento de la educación de masas. Al igual que muchas relaciones, ésta no es sencilla. En cambio, siempre ha habido algo así como un efecto de estira y afloja. La educación crea una fuerza de trabajo capaz de asumir empleos más complejos y mejor pagados. Al mismo tiempo, la existencia de esos empleos hace que, para los estudiantes, valga la pena seguir en la escuela; a la larga, todas esas horas no pagadas en el aula se traducirán en un empleo que compensará a los trabajadores por el tiempo que estuvieron aprendiendo sin ganar dinero.
 
Los años que dedicamos a la educación generan una forma de capital que tiene el potencial de producir un rendimiento a largo plazo, igual que las formas de capital que nos resultan conocidas, como el dinero en el banco o un pedazo de tierra. Esta idea influye mucho en los encargados de elaborar las políticas y se ha extendido más allá de la educación. También puede pensarse que la buena salud es una forma de capital que tiene el potencial de retribuir a los individuos con mayores ingresos durante toda la vida. Las decisiones en materia de políticas públicas pueden dar forma al de­sarrollo de las economías nacionales y a las vidas de sus ciudadanos. 
Para ver cómo sucede esto en el mundo real, imagínemos la vida de un niño llamado Juan que crece en un país como el nuestro..

Años de desarrollo de políticas públicas, han proporcionado los recursos sufi­cientes para construir hospitales decentes, por lo que Juan tiene muchas probabilidades de nacer sin ningún percance y sobrevivir durante las primeras semanas. Éste no es el caso en gran parte dol mundo: según la organización Save the Children, cerca de 4 millones de los casi 60 millo­nes de niños que nacen cada año mueren en los primeros meses de vida. Alrededor de 99% de esas muertes ocurren en el mundo en desarrollo.

Pocos meses después del nacimiento de Juan, su familia debe enfrentar su primer dilema. Su madre debe decidir si regresar a trabajar o no. Le pre­ocupa dejar a su hijo con una niñera, pues esto puede perjudicar su desa­rrollo. También siente que, si sale a trabajar, puede aumentar las finanzas familiares y mejorar sus posibilidades futuras de trabajo a largo plazo.

En gran parte, las acciones del gobierno determinarán su decisión. En algunos países, los gobiernos están dispuestos a subsidiar a las madres para que se queden en casa; en otros, tal vez piensen que es más importante hacerle frente a la pobreza alentando a las mujeres a trabajar. De modo que, aunque faltan muchos años para que Juan tenga derecho al voto, las tendencias sociales y las políticas gubernamentales ya están afectando profundamente su vida.

Ese proceso continuará en el siguiente hito de su vida: la escuela. Acá tambien el desarrollo de políticas públicas creando nuevas escuelas, facilitando el acceso y la gratuidad, favorecen la escolaridad de mayor cantidad de personas. 
 Los sistemas educativos varían grandemente en cuanto a su efectividad, y los factores que los moldean pueden estar tan incrustados en las sociedades que pueden evitar que las personas perciban los fracasos de la escuela. Por ejemplo, en algunos sistemas escolares, los niños provenientes de grupos más pobres se esfuerzan más; en otros, los antecedentes sociales no influyen tanto.

Si Juan proviene de un sector menos acomodado, lo más probable que luche más a lo largo de toda su vida escolar para desarrollar su poten­cial. Puede abandonar la escuela lo antes posible y tratar de conseguir trabajo, pero sin habilidades ni capacitación sus opciones serán muy li­mitadas, sobre todo porque los trabajos manufactureros siguen migrando a países menos desarrollados. Suponiendo que Juan encuentre trabajo, puede tener la posibilidad de recibir educación para adultos, pero tal vez su patrón no quiera gastar dinero en capacitar a empleados con bajos niveles de habilidad tan fáci­les de reemplazar. A Juan sólo le queda esperar que el Estado pague su educación para adultos. De lo contrario, corre el riesgo de dejar pasar sus intentos de ganarse una vida razonable.
La educación es un factor clave en la formación del capital humano. La gente con mejor educación suele gozar de mejores ingresos: un beneficio que también se ve reflejado en un mayor crecimiento económico. Pero el efecto del capital humano va más allá de la economía. Aumentar el capital humano incrementa los niveles de salud, la participación en la comunidad y las perspectiva de empleo. De hecho, puesto que la globalización hace más necesarias las habilidades, tecnología y adaptación, la importancia del capital humano crecerá en los años siguientes.


Beneficios más amplios
El crecimiento económico es sólo una parte de la ecuación del capital humano. La educación proporciona también otros beneficios al individuo: la gente con mayor escolaridad tiene mayor probabilidad de colaborar con grupos comunitarios, como asociaciones de mujeres y grupos de padres y maestros. También tienen mayor probabilidad de gozar de buena salud: fuman menos (un año extra de educación significa que una mujer promedio fumará 1.1 menos cigarrillos al día) y hacen más ejercicio (17 minutos más por semana por cada año extra en la escuela). (Fuente: Percepciones de la OCDE)No sólo eso, sino que la propia salud también es un ingrediente distintivo dentro del capital humano (aun cuando la gente no siempre "invierta" conscientemente en su salud de la misma manera que lo hace en su educación). Un trabajador cuyo capital humano incluye una salud fuerte es más productivo en el lugar de trabajo y, por tanto, suele ganar más. Esa productividad incrementada es buena para la economía más extensa. Aumentar la salud de la población en general contribuye al crecimiento de la economía. Según un cálculo, un país que experimenta una mejoría de cinco años en su expectativa de vida -un reflejo de niveles crecientes de salud- experimentará un crecimiento en su economía de hasta 0.5% más rápido que un país cuyas expectativas de vida son estáticas.
Salud y pobreza
El efecto de la salud en el crecimiento económico es aún más claro en las naciones en desarrollo, y fue reconocido en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, un conjunto de objetivos establecidos por las Naciones Unidas al inicio del siglo para la erradicación de la pobreza extrema. De los ocho objetivos, tres se refieren a temas de salud: reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna y combatir enfermedades como el vih/sida y la malaria.

En realidad, la buena salud puede considerarse por sí misma como una parte del capital humano, aunque evidentemente la gente no siempre puede invertir en ella de la misma manera que en la educación.

 
La política social se ve a veces como una red de seguridad para las personas que están en problemas. Una manera de "tapar agujeros". Esto ha provocado algunas críticas que la acusan de limitar el rendimiento de las personas y protegerlas de las realidades económicas. A pesar de esos ataques, serían pocos los que pidieran el fin de los beneficios sociales, especialmente para los miembros más débiles de la sociedad, como los niños. 

¿Cuáles son las críticas? A veces se acusa a la política social activa de servir como cubierta a los gobiernos -acusados de populistas- que están tratando de reducir su papel en la prestación de bienestar y cargar más la responsabilidad en los hombros de los ciudadanos. Se dice que antes los ciudadanos recurrían a los pagos del gobierno para protegerse, digamos, de la pérdida de empleo o la vejez; ahora cada vez se les dice más que depende de ellos protegerse, desarrollando su capital humano, por ejemplo, o financiando pensiones privadas.
Algunos analistas también alegan que las políticas sociales activas representan una invasión de los principios del libre mercado en la política social. Las políticas sociales anticuadas solían redistribuir el ingreso de los ricos hacia los pobres con el objetivo inmediato de crear una sociedad más igualitaria.
En cambio, las políticas sociales activas -enfocadas al desarrollo de la primera infancia, por ejemplo- pueden ser consideradas como un intento de equipar a la gente con la habilidad de competir en el futuro. Los críticos dicen que crear tales sociedades basadas en la competencia es justo, si realmente todos empiezan desde el mismo nivel. Pero con las grandes diferencias de ingresos en muchos países, no siempre sucede así.
Esos programa de políticas sociales activas han recibido críticas. 
¿Cuantas veces se escuchó "se embarazan por un plan".. "son vagos que prefieren un plan a trabajar"..."los chicos usan las netbook para jugar"..?
Así desmerecían a las AUH.. "olvidando" que para recibirlas se debía cumplir con la escolaridad, con los planes de vacunación.. se criticaba a las ayudas para que se terminaran los estudios, los planes de vivienda, que con el esfuerzo personal se podría lograr lo mismo.. desconociendo que no todos tienen las mismas posibilidades.
Sin embargo..
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) puso de relieve las políticas llevadas adelante por el gobierno nacional durante 2014, en materia social, económica, financiera y monetaria, que le permitieron afrontar los efectos de la crisis mundial.
En ese sentido, destacó medidas como la Asignación Universal por Hijo (AUH), el Programa de Crédito Argentino (Procrear) y el de Respaldo a Estudiantes de Argentina (Progresar), el Precios Cuidados, la moratoria previsional, la Ley de Hidrocarburos y las medidas adoptadas por el Banco Central para reducir los efectos de la devaluación de principios de ese año, y recomponer el nivel de reservas internacionales.
(Fuente:
Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2014)

Burócratas, técnicos, que piensan la política como una cuestión de números y balances, no "con la gente adentro"...
Si las políticas de Estado se limitan a buscar la competividad bajando salarios, y para eso necesitan desempleo, leyes que no defiendan a los trabajadores, sindicatos débiles, preocupados por mantener una cuota de poder y no por representar a los trabajadores; si el Estado no brinda mejor educación, mayor acceso a las instancias de educación superior, si pretende disminuir las licencias por enfermedad, proteger la salud de los trabajadores, el capital humano en vez de crecer, se deteriora, tendremos menores posibilidades de un desarrollo individual y colectivo..

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