domingo, 24 de septiembre de 2017

HÉROES, SALVAJES, Y HOMENAJES

"Los indios no tienen salvación porque no conocen la propiedad. Evidentemente, los ranqueles fueron los primeros anarquistas en estos suelos"                                           Federico Rauch, en respuesta a Bernardino Rivadavia, en 1826.

Federico Rauch
o Friedrich Rauch fue un
militar alemán, que participó activamente en las campañas previas a la Conquista del Desierto contra los indígenas que los sucesivos gobiernos argentinos efectuaron durante la tercera década del siglo XIX y en las guerras civiles de ese país, falleciendo por degüello en el Combate de las Vizcacheras que lo enfrentó contra las fuerzas federales.
En el año 1823 por órdenes de Rivadavia, inició su campaña contra los ranqueles. El gobernador Las Heras los ascendió a Teniente Coronel y le dio el mando del regimiento de Húsares. La presidencia de Rivadavia significó para los pampas la pérdida de grandes territorios. La ley de Enfiteusis permitió que 538 propietarios privados se adueñaran de 8.600.000 hectáreas. Habla que controlar las fronteras y garantizar la tranquilidad de los nuevos propietarios, entonces Rivadavia contrata a un mercenarios prusiano que sin más tramites recibirá el grado de Coronel del Ejército Nacional: Federico Rauch, su estrategia era atacar por sorpresa y asesinar indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños.

El 28 de marzo de 1829 un peñi (hermano) terminó con la vida del mercenario prusiano. Pero el hecho no fue resultado del arrojo individual, fue la respuesta colectiva de una parte del pueblo mapuche.
A los libros llegó la versión de la historia que no escribieron los mapuche. A las obras pictóricas también. En un dibujo reproducido hasta el hartazgo, un tal Fortuny (Fortini dicen otros) inmortalizó la muerte de Federico Rauch. En la escena puede apreciarse a un gallardo militar que sable en mano, trata de enderezar a su caballo, el que ha sido boleado. Luce un uniforme que se sugiere impecable, una gorra que pese a la violencia del entrevero, está firmemente instalada sobre su cabeza. Se muestra elegante hasta en la derrota. Su monta tiene las patas traseras enredadas por un bolazo. A su alrededor, pueden contarse trece jinetes mapuche. Algunos sonríen. Uno de ellos carga lanza en ristre sobre la espalda del soldado. Otro ya echó pie en tierra. Pisa los pastos generosos de Puelmapu. Es un gran trabajo plástico: semiocultas por la polvareda que levantó el enfren-tamiento, varias siluetas continúan con la pelea.
Si no tuviéramos más datos sobre Las Vizcacheras, podríamos concluir que se trató de una emboscada. En el lienzo, el infortunado sufre una abrumadora inferioridad numérica. No hay otros soldados que aparezcan cerca. El más próximo está montado y de espaldas, sable en mano, luchando contra algún adversario que no alcanza a divisarse. Su vestimenta se adivina similar a la del caído.
Trece contra uno... Al pintar también se construyó el estereotipo del "indio flojo" y traicionero. ¿Cuántos observadores habrán supuesto que este combate fuera uno de los tantos que libraron durante el siglo xix las tropas de los sucesivos gobiernos winka con las diversas parcialidades mapuche.
En los últimos tiempos, la figura y actuación del coronel Rauch fue objeto de revisión por parte de Osvaldo Bayer, uno de los intelectuales más lúcidos de la Argentina y además, uno de los pocos que ha puesto su trabajo desinteresado al servicio de la verdad histórica que atañe al pueblo mapuche. De hecho, ideó la campaña Awka Liwen, que propone erradicar de todos los espacios públicos del país a los monumentos que homenajean al general Roca, dos veces presidente de los argentinos y ejecutor de la llamada Campaña al Desierto.
En realidad, Bayer comenzó a echar luz sobre la figura de Rauch hace tres décadas y como consecuencia de sus aseveraciones, conoció el calabozo, cuando un descendiente del militar tuvo poder para encarcelarlo. Matices más, matices menos, el relato que nos entrega el escritor y periodista señala que el hombre del caballo boleado había sido contratado por el gobierno de Bernardino Rivadavia en 1826 para limpiar las pampas de rankülche. Se trataba de un prusiano que había servido a las órdenes de Napoleón, es decir, lisa y llanamente un mercenario. El europeo se ufanaba de su practicidad: "hoy hemos ahorrado balas, degollamos a veintisiete ranqueles", le comunicó en una oportunidad a su superioridad. Pero hete aquí que se encontraría con la horma de su zapato. Rauch fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, durante el cual fue lanceado por el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado Arbolito, junto al coronel Nicolás Medina. Rauch fue decapitado, su cabeza fue primeramente arrojada en la puerta de la madre del después coronel federal Prudencio Arnold, a quien Rauch supuestamente había jurado matar, y luego llevada en triunfo a la ciudad de Buenos Aires y arrojada en una calle céntrica como un desafío.
 Siempre según el autor de "Los vengadores de la Patagonia trágica" un peñi -"un indio joven, apuesto, alto y de pelo largo"- al que los soldados llamaban Arbolito, esperó pacientemente al prusiano en una rugosidad del terreno, lo dejó pasar, le boleó el caballo y cuando éste se desplomó, rápidamente lo degolló. Bayer también comenta que Buenos Aires recibió al cadáver del prusiano con toda pompa y que sus exequias fueron muy lujosas. A tal punto fueron valorados sus servicios que una localidad bonaerense lleva su nombre: Coronel Rauch. En cambio, se queja Don Osvaldo, nadie recuerda a Arbolito, el "héroe de las pampas"...

 Campañas del coronel Federico Rauch
Tres fueron las Campañas de Martín Rodríguez contra los indígenas que efectuó a poco de asumir como gobernador de la Provincia de Buenos Aires y que se prolongaron entre 1820 y 1824. Rodríguez delegó prácticamente el mando en su ministro Bernardino Rivadavia y se dedicó a hacerles la guerra a los indios del desierto en la frontera sur provincial. El gobernador Martín Rodríguez fue partidario de realizar campañas punitivas para terminar con los malones indígenas que asolaban la frontera sur de la provincia. Al respecto sustuvo:
 "La experiencia de todo lo hecho nos enseña el modo de manejarse con estos hombres; ella nos guía al convencimiento de que la guerra se presenta el único remedio bajo el principio de desechar toda la idea de urbanidad y considerarlos como enemigos que es preciso destruir y exterminar."
Los "salvajes" que no conocen la propiedad, presentados como traicioneros, a los que había que destruir,  y los señores de la guerra... los civilizados que ahorraban balas, los que como en las viejas películas de vaqueros, peleaban sin despeinarse, ..
Tienen calles, monumentos, pueblos con sus nombres.... los descendientes de "los indios" cada vez tienen menos, los persiguen, queman sus viviendas, sus pertenencias, quienes los apoyan en sus reclamos son reprimidos..

¿Y Arbolito...? Del otro lado de la historia, un grupo de jóvenes músicos que hacen fusión entre rock y folclore, han bautizado su banda con el nombre de Arbolito. En recuerdo de aquel bravo Cacique Ranquel, y que en la letra de la canción "Niña mapuche" dice:
 

"Una vez era feliz aquí
río azul, valles, montañas y el frío del sur.
Caminar con mis ovejitas
y a jugar hasta que el sol tiene sueño y se va.
Pero ayer ya no pude pasar
un cartel no se que cosa de la propiedad.
Y esos señores que nos miran raros
como sabiendo lo que van a hacer
y mi mamita que no para nunca
dicen que pronto nos van a correr.
Hoy sentí a la maestra decir,
que traerán mucho trabajo para los papas.
(Prohibieron nuestro idioma,
nuestro hermoso y dulce Mapu Ekun (respeto por la tierra),
impusieron su religión y nuestro espíritu se entristeció)
Yo no se si esto será mejor,
solo que esto tan triste no se lo que hacer.
Yo se que nunca tuvimos dinero,
solo la magia la de compartir
en esta tierra la de mis abuelos
no va a ser fácil sacarnos de aquí.
(Nuestra voz empezó a retumbar como un Kultrung (tambor)
en la Pampa, en la cordillera, en el mar.)
no va a ser fácil sacarnos de aquí.
(Somos Mapuches, la gente de la tierra.)
no va a ser fácil sacarnos de aquí.
(No acallaran los ríos con las distintas represas,
no asesinaran las montañas para extraer el oro,
el pueblo mapuche vive y está en pie de guerra."

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