miércoles, 28 de marzo de 2018

LECCIONES DE HISTORIA

Mirando hacía atrás, para no repetirlo...
“No está bueno que la Historia mire siempre hacia atrás, como que deberíamos conmemorar cosas del futuro, tipo hacia adelante”,
dijo Gabriela Michetti...

Pero hay que mirar los errores cometidos, ver qué se hizo mal.. y no volver a cometerlos..


La Ley de Convertibilidad del Austral, fue decretada el 27 de marzo de 1991 por el Congreso de la República Argentina, durante el gobierno de Carlos Menem, bajo la iniciativa del entonces Ministro de Economía Domingo Cavallo, y estuvo vigente durante casi 11 años.
Establecía a partir del 1 de abril de 1991 una relación cambiaria fija entre la moneda nacional y la estadounidense, a razón de 1 u$s por cada 10.000 australes o posteriormente un Peso convertible. Exigía la existencia de respaldo en reservas de la moneda circulante, por lo que se restringía la emisión monetaria al aumento del Tesoro Nacional. El período en que duró la ley de convertibilidad se llamó popularmente "el uno a uno", en clara referencia a la igualdad del peso frente al dólar estadounidense.
El gobierno de Menem, llevó adelante desde 1990 un replanteo integral de la organización económica. Ella incluyó la apertura generalizada al comercio exterior y al movimiento de capitales, la desregulación económica, la privatización de empresas públicas, la reducción del Estado y la reorganización del sistema tributario. La inflación en 1990 fue del 2314%. El nuevo régimen monetario logró estabilizar la economía tras la grave crisis hiperinflacionaria del gobierno de Alfonsín.
La apertura comercial de los años 1990, el atraso cambiario de la convertibilidad, el menguado poder de compra interno por la destrucción del empleo y los bajos salarios, entre los principales factores, causaron estragos en la mayoría de los sectores industriales en aquella etapa.
En el período 1991-2000 la política fiscal arrojó un déficit promedio anual de 4,1% del PBI, con un total acumulado de 108.634 millones de pesos/dólares. En su primer etapa 1991-1994, ya había crecido 120%, pasando de los 32 mil millones a 70 mil millones de pesos/dólares. El gasto creció, junto a una financiación del déficit en el exterior.​Se adoptó una política de endeudamiento que llevó la deuda externa pública durante su gestión de 45 000 millones de dólares (en 1989) hasta 145 000 millones (en 2000)

Los mejores alumnos:
El Secretario del Tesoro norteamericano, Nicholas Brady, opinaba sobre el desarrollo de la economía nacional en 1993:
“[…] En ninguna otra parte el progreso ha sido tan drástico como en la Argentina, donde el resultado de las reformas económicas ha excedido las previsiones más optimistas. En efecto, los déficit fiscales se convirtieron en excedentes, la inflación cayó de cuatro dígitos a uno, la inversión aumentó y miles de millones de dólares de capital privado llegaron al país […]. El panorama económico de este país ha sido transformado y un futuro próspero ilumina el horizonte”
Argentina vista desde afuera y desde adentro  Las razones dadas desde el exterior sobre la crisis del sistema de Convertibilidad son primero, un gasto fiscal  imparable  a  nivel  nacional  y  especialmente,  a  nivel  provincial,  y  segundo,  una  insostenible  sobrevaluación  del  peso  respecto  al  dólar.  Lo  primero  indujo  un  déficit  incontrolable  que  prestamistas  extranjeros y locales se negaron a seguir financiando en los últimos dos años. Por ultimo, en Diciembre 2001, el FMI cerró la ultima puerta al también negarse a seguirle prestando dinero al gobierno argentino.
Sin  embargo,  en  Argentina  los  analistas  económicos  no  vinculados  a  la  banca  extranjera  muestran  estadísticas indicando que los gastos primarios del estado no aumentaron como porcentaje del PBI desde 1993. Lo que sí aumentó sistemáticamente fueron los pagos de la deuda externa, que crecieron de $6000 a $14500  millones,  al  compás  del  aumento  de  las  tasas  internacionales,  los  vaivenes  del  riesgo  país  cada  vez que habían crisis en otras economías emergentes y el simple peso de la creciente deuda externa, que se  duplicó  desde  1993  al  2001,  llegando  a  $144000  millones.  Esta  deuda  aumentó  porque  si  bien  los  gastos se mantuvieron constantes como porcentaje del PBI, los ingresos del estado se redujeron en 1995, cuando  Cavallo,  para  compensar  a  las  empresas  por  su  falta  de  competitividad  por  el  tipo  de  cambio  sobrevaluado (1 peso = $1), les redujo los aportes patronales del 18% del salario al 8%. Esto desfinanció al sistema de seguridad social y previsional, causando un déficit creciente de entre el 1% y el 3% del PBI, acumulando $45000 millones de déficit entre 1995 y 2001. Así se explica el insostenible endeudamiento fiscal  externo  de  Argentina,  por  ejemplo,  de  acuerdo  a  R.  Arriazu,  investigador  de  la  Universidad  de  Buenos Aires y del Consejo de Ciencias Argentino.
En  términos  de  historia  cercana,  el  problema  fue  que  el  tipo  de  cambio  se  mantuvo  sobrevaluado  en  un  40% durante toda esa década y las firmas domiciliadas en Argentina nunca consiguieron ser competitivas.
Los observadores extranjeros y el FMI culparon sistemáticamente por esto a las leyes laborales argentinas, a   las   cuales   consideraban   responsables   de   impedir   un   ajuste   hacia   debajo   de   los   salarios   que correspondiese  a  la  baja  productividad  de  la  economía  local.  Sin  embargo,  las  leyes  laborales  fueron  modificadas  en  tres  ocasiones,  1994,  1997  y  2000  y  están  rankeadas  por  la  ILO  (International  Labour  Organization)  como  las  más  favorables  a  las  empresas  en  Latinoamérica.  Los  salarios  reales  cayeron  desde  1991  un  15%  y  la  presión  ejercida  por  un  18%  de  desempleados  pareciera  ser  lo  suficiente  para  reducir  los  costos  laborales  a  la  mínima  expresión  posible.  El  informe  anual  2001  del  Economist  Intelligence  Unit  indica  a  Argentina  como  poseedora  de  la  mano  de  obra  calificada  más  barata  de  la  región.  


Mientras a los empresarios se les rebajaba  las contribuciones al sistema de Seguridad Social, para cumplir con el FMI y obtener de manera compulsiva más dinero y reducir el déficit fiscal, se aumentaba el IVA.
Mucha gente se endeudó en dólares (pero con salarios denominados en pesos) y el gobierno de Carlos Menem se benefició electoralmente de dicha situación.
 
Comportamiento de la industria: la desindustrialización
En términos del comportamiento industrial de largo plazo, el proceso de desindustrialización fue el fenómeno peculiar de los años 1990 ya que durante ese período se registra una pérdida de incidencia del valor agregado industrial en el generado por el conjunto de la economía durante la cual disminuyen un 15% el número de establecimientos y se expulsa la cuarta parte de la mano de obra sectorial, alcanzando su mayor intensidad en términos de lo que se puede considerar la gran industrial local (los establecimientos con más de 100 ocupados). (1)
El endeudamiento externo se incrementa a una tasa anual del 8,6% durante la década analizada, más que duplicándose en términos absolutos (de 61 a 140 mil millones de dólares, entre 1991 y 2001). Más acelerada aún es la expansión de los capitales locales radicados en el exterior que lo hace al 9,6% anual, determinando que el stock de los capitales fugados pase 55 a 139 mil millones de dólares durante el período tratado.
Entre 1993 y 2000, en un contexto signado por un aumento en la concentración global de la economía argentina a favor de las empresas de la cúpula, en el mismo período se registró un aumento significativo e ininterrumpido de la importancia relativa de las empresas controladas por actores extranjeros: mientras que en 1993 la participación de este tipo de firmas en el producto bruto global de la cúpula fue del 32%, en 2000 ascendió al 73 por ciento. En efecto, las empresas extranjeras controlaban, en 2000, alrededor del 95% del producto bruto generado, en conjunto, por las líderes que actúan en el ámbito de “minas y canteras” (se trata, básicamente, de empresas que se dedican a la producción de gas y/o petróleo, así como, en menor medida, a la explotación minera), y una proporción similar del de las que se desempeñan en el ámbito de las “comunicaciones”; el 86% del de las que fabrican “maquinarias, equipos y vehículos”; el 82% del valor agregado de las que se especializan en la elaboración de "combustibles, químicos y plásticos".
Y el gobierno y los empresarios que se quedaben con "las joyas de la abuela" festejaban las privatizaciones:
"Los aeropuertos ya tienen dueño
Con una oferta que superó los 171 millones, el grupo liderado por Ogden y Eurnekian obtuvo la concesión por 30 años
Aseguraron que es la privatización más exitosa de la gestión de Menem. Calculadora en mano comentaron que durante los 30 años que dure la concesión el Estado recibirá algo más de cinco mil millones de pesos y que la oferta recibida cuadriplicó el monto que había sido fijado como base....  Sin ocultar la sorpresa que les causó, los integrantes de Aeropuertos Argentina 2000 comenzaron a festejar su triunfo.
Con la misma energía con la que hubieran gritado un gol del Milan o de Boca, o algún home run de un equipo de béisbol, los socios italianos, argentinos y norteamericanos dieron rienda suelta a su alegría en el Salón Colón de la Casa Rosada.
Sin embargo, la celebración se prolongaría hasta bien entrada la tarde. La única diferencia fue el marco del encuentro: "Un magnífico parque, una gran piscina y un espectacular asado en la quinta que Eduardo Eurnekian tiene en Del Viso", según describió uno de los participantes de la comida. (2)
Consecuencias de la crisis económica de 1998/2001
En el periodo recesivo y posterior crisis (junio de 1998 a 2002), el PBI sufrió una pérdida del 19,5% acumulada, registrándose el mayor descenso en el último año de la crisis de la convertibilidad con un decrecimiento del 10,9%. El producto bruto interno a precios corrientes de 268.697 millones de dólares en 2001 se redujo casi un 64% a fines de 2002. Una de las principales secuelas que dejó la crisis de 2001 fue el aumento de la inequidad en la distribución de la riqueza en comparación con los demás países de América Latina. A nivel nacional la pobreza alcanzó al 57,5% de la población, la indigencia al 27,5% y la desocupación al 21,5%, todos niveles récord para el país.
En la crisis, ante la iliquidez del gobierno central debido a los principios de la convertibilidad, varias provincias emitieron bonos que circulaban como monedas paralelas o “cuasimonedas”, con nombres como el “LECOP” en el ámbito nacional, el “patacón” en la provincia de Buenos Aires y el “quebracho” en el Chaco, entre otras.94​ Esos instrumentos se utilizaron en reemplazo de la moneda de curso legal. Si bien inicialmente su valor real era igual al valor nominal, pronto se vieron depreciados, lo que provocó pérdidas importantes en la capacidad de compra de miles de empleados públicos de distintas provincias, que cobraban sus haberes con estos bonos.
Pero, como decía Rodolfo Walsh en su Carta a la Junta Militar,
"Lo que ustedes llaman aciertos son errores", y esos errores se pagan, llegó "la crisis (que) causó dos muertes" y el tiempo de hacer balances:
"El año en que vivimos a los tumbos
Hubo 4 ministros y varios cambios de reglas. La actividad económica fue siempre para atrás. Crecieron la deuda, el desempleo, el déficit y la fuga de capitales. Y al final, default y corralito.
No faltó nada: "blindaje", trunco ajustazo fiscal, canje y "megacanje" de la deuda, Ley de Competitividad, "factor empalme", Déficit 0. Al cabo, parches para una de las peores crisis de la historia nacional. Y el año termina con un cepo a los ahorros de la gente y un intríngulis sobre qué política monetaria se adoptará. (3)
Esa mirada hacía atrás, nos permite verque las palabras déficit cero, inflación, costo laboral, baja productividad, y las recetas aplicadas y los resultados se parecen bastante a lo que se hace actualmente...  ¿esperamos resultados diferentes..?
(1) J. J. Llach ("Otro siglo, otra Argentina. Una estrategia para el desarrollo económico y social nacida de la convertibilidad y de su historia", Ariel, 1997, p 28(2) La Nación; 24/01/98  (3) Clarín, 31/12/2001)

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