domingo, 24 de junio de 2018

EL PAÍS SE HUNDE, PERO SOMOS UN MERCADO EMERGENTE

Los economistas al poder...         

No hay dudas de que los economistas adquirieron, en las últimas décadas, una influencia social y política decisiva. Este hecho incontrastable da lugar, sin embargo, a lecturas antagónicas. ¿Artífices de la debacle o salvadores de la patria? ¿Meros brazos ejecutores de los intereses de las clases dominantes o detentores privilegiados de las verdades que gobiernan nuestro tiempo?
Aunque era ya un problema de larga data, a partir de mediados de los años setenta la inflación se erigió en el termómetro de la crisis y logró materializarse como principal preocupación pública. En la espiral de recetas para combatirla los economistas se volvieron custodios de lo justo, lo verdadero y lo posible, y la ciencia económica fue afirmándose como garante de un juicio objetivo. La sensación básica por parte de la población de lejanía, de opacidad, de dificultad para desentrañar la lógica de los procesos vividos y sufridos se fue profundizando a medida que se sucedían las catástrofes.En tanto, los medios de difusión contribuyeron decisivamente al empobrecimiento del debate: elegían determinado tipo de economistas para entrevistar -que repetían un mismo discurso de consignas y opiniones- a la vez que ignoraban la existencia de opiniones alternativas en el mundo académico e intelectual serio. La democracia política no fue acompañada por una oferta igualmente plural de ideas económicas.

Así, aprendimos palabras nuevas: overshooting, stand bay, megacanje, blindaje...
El monopolio neoliberal de las interpretaciones económicas -construido durante el gobierno de facto- no fue removido de la escena pública. La posibilidad de acceder a otras aclaraciones quedó seriamente reducida a universitarios, especialistas o personas con inquietudes poco frecuentes. De su mano se sucedieron experimentos macroeconómicos de singular osadía, que terminaron con la Convertibilidad y su estrepitosa caída en 2001. La lista de experiencias económicas extremas que caracterizaron las últimas décadas del siglo XX es impresionante: un endeudamiento exterior inédito, dos hiperinflaciones, cinco semiconfiscaciones de los depósitos bancarios, una relación tormentosa entre la moneda local y el dólar, cinco monedas nacionales, más de una docena de cuasimonedas provinciales y el mayor default del que se tenga registro.
Los ideólogos neoliberales fueron capaces de retraducir sus concepciones en una serie de De acuerdo a quienes se arrogaban el monopolio del saber sobre "el funcionamiento de las leyes económicas" la secuencia que debía respetarse era:
  • toma de las medidas "adecuadas" que reclaman "los mercados" para generar "confianza";
  • llegada de la inversión extranjera "seducida" por las medidas indicadas, y
  • creación de fuentes de trabajo y oportunidades para todos.
Se acudía reiteradamente a la comparación del país con un alcohólico -una persona que no puede controlar sus excesos y tiende a la autodestrucción-, que requería un prolongado período de buena conducta para que el "resto del mundo" pudiera confiar nuevamente en él. La buena conducta era la que determinaban "los mercados", cuyos voceros eran los "economistas profesionales".
Hace unos días llamó la atención una nota del diario Clarín en la que su autor se mostraba sorprendido por la llegada de una crisis que, según él, nadie había visto venir.

¿Nadie vio venir..?
Cuando los Industriales Pymes decían: "tenemos un gran dolor, perdimos competitividad"
“A pesar de que subieron las tarifas un 700% respecto del 2015, los industriales pymes bonaerenses indicaron que EDESUR está afectando a su competitividad por la deficiencia de su servicio.. Consultado a Nicolás Santos, titular de una empresa que produce hilados sintéticos, sobre los aumentos respondió que "en Octubre del 2015 pagaba entre $60.000 y $70.000 pesos de energía y hoy estamos abonando una factura de $450.000" y agregó que "eso no es lo que más nos está afectando en este momento, en los últimos meses tuvimos 10 cortes de luz y decenas de microcortes que interrumpen la producción que en nuestro caso es contínua". Santos sobre el impacto de los "microcortes" indicó que representan "un 10% más de materia prima que se desperdicia, ahora necesito 1,1 kg de materia prima para hacer un kilogramo de producto terminado.. .” Ver fuente

¿Los escucharon? El presidente tildó a los empresarios "llorones" y sorprendió al avalar las críticas del ministro de Producción, quien les reclamó "dejar de llorar" y apostar por el país.
El ministro de Producción, Francisco Cabrera, sostuvo que “no hay una sola pyme que haya cerrado por el aumento de tarifas…. (Pág/12; 18/05/18)

El cierre de más de 7500 pequeñas y medianas empresas lo desmiente.
Cualquiera que lea o escuche a otros economistas o políticos de la oposición, puede observar que “ven” la crisis y advierten por las consecuencias, pero, “que digan si son kirchneristas” y son desoídos.

MERCADOS EMERGENTES
En el contexto del creciente predominio de la agenda financiera sobre la productiva que se consolidó en el último cuarto de siglo, fue mutando el conjunto de preocupaciones del mundo académico, político y mediático.
Para observar claramente el desplazamiento temático señalado basta recordar que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en el tope de la agenda económica occidental, figuraba la búsqueda del pleno empleo y la regulación del ciclo económico, para evitar oscilaciones bruscas en la actividad económica. La obsesión era impedir la reiteración de una crisis como la de los años 30, que había creado condiciones propicias, en lo social y lo político, para la conflagración mundial. En los últimos 30 años, en cambio, la prioridad absoluta ha sido el control de la inflación, subordinando el resto de las prácticas económicas a ese objetivo. La preocupación absoluta y excluyente por la inflación sólo puede explicarse por el efecto negativo, en términos de inducir la pérdida de valor que tiene la misma sobre los activos financieros, cuyos dueños ocuparon el centro del poder económico global en este último período.
Desapareció del primer plano la visión de la producción material y el trabajo como fundamentos de la actividad social. En su reemplazo surgió la imagen de un mundo "de servicios" post-industrial -sin esas gigantescas fábricas con chimeneas y miles de obreros- en el cual la "gente" se dedica a realizar actividades basadas en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Es un mundo de empresarios individuales, sin relacionas do jerarquía, en el cual las oportunidades infinitas de progreso un abren ante quien quiera aprovecharlas. El papel de las nuevas tecnologías es relevante en esta visión: el incesante avance del conocimiento iguala oportunidades entre poderosos y débiles, modernos y atrasados. Todos participan, no hay trayectorias históricas que condicionen el comportamiento de personas y grupos, ni relaciones de poder entre clases sociales o naciones, ni culturas específicas con sus matices de valores y comportamientos. Esta imagen de un "nuevo mundo", sin pasado, vacío de relaciones de dominación y de intereses concretos, fue construida por intelectuales, economistas neoliberales y comunicadores con presencia en medios influyentes.

De este orden de ideas surgió la expresión "mercados emergentes".

Se aludía a los países de desarrollo intermedio -ni muy pobres, ni desarrollados- que presentaban interesantes oportunidades de inversión -en acciones, títulos públicos o compra de empresas locales- para los inversores "internacionales".
El primer elemento interesante es la desaparición de la palabra país. No se habla de países, sino de mercados. La complejidad de la unidad territorial-política-cultural-económica-social desaparece, para dejar lugar a la palabra mercado, de restringido sentido económico.
A su vez el término emergentes sugería promisoriamente con las economlas en ascenso, pero también podía leerse, en términos más restringidos pero no equivocados, como ascendentes en términos bursátiles.
En efecto, la característica de estos mercados podía ser la suba continua de los papeles privados y públicos, en tanto se produjera el flujo inversor externo. Bastaba, en realidad, con convencer a una fracción reducida de inversores internacionales para que colocaran sus fondos en algún país "emergente" para que diversas variables económicas en tiempo récord mostraran un incremento sustancial. Dado su reducido tamaño relativo en relación con la masa de capital financiero volátil en busca de "oportunidades" de corto plazo, cualquier fracción del mismo que ingresara en el mercado emergente elegido generaría un impacto de demanda que confirmaría la veracidad de la afirmación. Por otra parte, la ambigüedad de la expresión "mercados emergentes" permitía que mientras los operadores financieros comprendieran la alusión a las posibilidades rentísticas que ofrecían determinados países, los políticos y economistas de la periferia la interpretaran, en los entornos locales, como certificación extendida por "los mercados" internacionales sobre la calidad de sus políticas y sobre las perspectivas promisorias de sus países. Estar en el grupo de los "países emergentes" equivalía a pertenecer a un selecto grupo señalado por los poderes "serios" para ser beneficiados con una lluvia de inversiones que darían un espaldarazo adicional a su ya reconocida condición de "emergentes".
No está de más decir que en esta creencia se ponían en juego convicciones típicas de los países atrasados en relación con la "superioridad" de los países centrales. Superioridad que no se limita a sus condiciones materiales, sino que se extiende a todos los aspectos, incluido el intelectual. Ser considerado, ser tenido en cuenta, ser honrado por la mirada proveniente del centro es para muchos habitantes "periféricos" casi una confirmación de que en verdad existen.
Y ellos consideran que la "turbulencia" del dólar es lo mejor que ha pasado, ahora somos un "mercado emergente"... no importa que aumente el desempleo, la pobreza.. y la inflación, que para combatirla permite la entrada de importaciones sin control...

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